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VIERNES 11 MAYO 2012

Una mancha de plástico devora el Pacífico

POLLUTION • Un septième continent composé de déchets (Courrier International))

Sábado 12 de mayo de 2012

Dans le Pacifique Nord, les courants océaniques charrient des millions de tonnes de plastique. Leur accumulation couvre désormais une zone grande comme six fois la France.

Por Erika Olavarría

En 1997, mientras volvía de una regata, el capitán Charles Moore descubrió una enorme cantidad de desechos de material plástico en el Pacífico, una sopa de plástico de unos 13 millones de km² o sea 36 veces el tamaño de España . Desde entonces, el investigador y activista oceánico no ha constatado ningún progreso en la lucha contra esa gran mancha de desechos.

Escuchar:
http://www.espanol.rfi.fr/ciencia/20120511-una-mancha-de-plastico-devora-el-pacifico

Un nuevo continente en el Pacífico (ABC) POR S. BASCO. MADRID. 30-12-2007

Si Cristóbal Colón se hiciese hoy a la mar con sus tres carabelas en el puerto de Palos y cruzase el Atlántico no se detendría en las costas de América, que ya las descubrió hace 515 años, sino que atravesaría el Canal de Panamá en busca de las Indias, su objetivo inicial. Pero tampoco llegaría hasta allí, porque se toparía con un nuevo continente a medio camino. Se trata de la gran placa de basura del Pacífico, el «séptimo continente», que se está formando entre las costas de Hawai y Norteamérica a base de millones de toneladas de desechos de plástico a la merced de las corrientes oceánicas. En esa región giran en el sentido de las agujas del reloj originando una espiral sin fin, un poderoso vórtice que arremolina los residuos de plástico igual que el viento arremolina los papelillos en un rincón de la plaza.

Esta corriente, el Giro Subtropical del Pacífico Norte, lleva décadas captando desechos plásticos de las costas, amén de los producidos por la navegación, haciéndolos girar y empujándolos lentamente hacia su centro, una región de baja energía cinética de 3,43 millones de kilómetros cuadrados -la tercera parte de Europa, es decir, casi siete veces la extensión de España- en la que se acumulan ya seis toneladas de plástico por cada una de plancton.

La proporción de seis a uno resulta abrumadora, y más si se tiene en cuenta que no se trata sólo de residuos en superficie, ya que la capa de plástico de este vórtice de la basura alcanza en la mayor parte de su inmensa extensión hasta los treinta metros de profundidad.

Un problema poco conocido

La formación del séptimo continente no es un problema nuevo, pero sí su conocimiento. Pese a tratarse de una gigantesca región del océano, es una zona poco transitada por la navegación, ni siquiera los turistas a vela la surcan, en la que no se explota la pesca industrial y apenas hay algunas islas menores desperdigadas. Desde hace una década se suponía que la concentración de plásticos era elevada, y así lo ha denunciado Greenpeace en alguna ocasión, pero la magnitud del problema era desconocida hasta que una organización ecologista de la costa oeste de los Estados Unidos, la Algalita Marine Research Foundation (AMRF), ha hecho públicos estos datos tras una investigación llevada a cabo durante los últimos diez años.

Sobre este inmenso conglomerado de basuras todavía no se puede caminar, como Jesús sobre las aguas, pero rodando el tiempo llegará un día en que se compacte cada vez más, y no es que el nuevo continente quede listo para una recalificación de terrenos, pero la Tierra, o por mejor decir las aguas, tendrán un serio problema añadido.

Diez veces más grande

Por ahora, según datos refrendados por Greenpeace, la región acumula cerca de 3,3 millones de piezas de desechos, de todos los tamaños, por kilómetro cuadrado de superficie oceánica. Puede calcularse que su peso total ronda los 3,5 millones de toneladas, principalmente de plástico. La organización AMRF estima que desde 1997 hasta hoy la placa de basura ha triplicado su tamaño, y proyecta su posible superficie en diez veces más para 2030.

El daño a la vida marina será pronto irreparable, estiman los expertos, ya que los plásticos no son biodegradables -su vida media supera los quinientos años- y, conforme pasa el tiempo, sólo se dividen en piezas cada vez más pequeñas pero que retienen siempre su composición molecular original. Se produce así una ciclópea cantidad de «arena» de plástico que a los animales les parece alimento. Al resultar indigerible y complicado de eliminar, se acumula en los estómagos de peces y aves marinas, que terminan por morir de desnutrición con el estómago repleto de plástico.

Además, los gránulos de este material actúan como esponjas que absorben numerosas toxinas en tasas un millón de veces superiores a la normal, como el DDT (dicloro-difenil-tricloroetano) o PCB (bifenilo policlorinado), muy venenosos ambos. El efecto en cadena puede propagarse en la cadena trófica y afectar incluso al ser humano. Greenpeace ha contabilizado hasta 267 especies marinas altamente afectadas por esta contaminación.

Miles de millones de euros

El problema tendría solución, aun siendo un trabajo digno de Hércules, si no fuese porque nuestra producción de plásticos aumenta a un ritmo exponencial. Sería necesario un radical cambio de hábitos. La tecnología para su eliminación es conocida desde hace milenios: las redes de arrastre. A ello podría dedicarse buena parte de la flota pesquera que ve mermar sus caladeros, sólo que la pesca de estos millones de toneladas de plástico supondría miles de millones de euros.

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-30-12-2007/abc/Sociedad/un-nuevo-continente-en-el-pacifico_1641524668294.html

A rapprocher de l’article "Plásticos a la deriva" :

http://espaprender.free.fr/spip/spip.php?article1038&var_recherche=plasticos

POLLUTION • Un septième continent composé de déchets

Dans le Pacifique Nord, les courants océaniques charrient des millions de tonnes de plastique. Leur accumulation couvre désormais une zone grande comme six fois la France.

Si Christophe Colomb prenait aujourd’hui la mer avec ses trois caravelles depuis Palos de la Frontera [sur la côte atlantique de l’Andalousie] et traversait l’Atlantique, il ne s’arrêterait pas sur les côtes du continent américain, puisqu’il les a déjà découvertes il y a cinq cent seize ans. Il franchirait le canal de Panamá à la recherche des Indes, sa destination initiale. Mais ce n’est pas pour autant qu’il y parviendrait car, à mi-chemin, il tomberait sur un nouveau continent. Il s’agit de la “Grande Plaque de déchets du Pacifique”, le “septième continent”, qui se forme actuellement entre les côtes de Hawaii et de l’Amérique du Nord, à partir de millions de tonnes de détritus plastiques charriées par les courants océaniques. Dans cette région du globe, les courants, tournant dans le sens des aiguilles d’une montre, créent une spirale interminable, un puissant vortex qui fait tourbillonner les déchets en plastique tout comme le vent le fait avec des papiers gras dans un recoin d’une place. Le tourbillon, ou gyre subtropical du Pacifique Nord, accumule depuis des années des déchets plastiques venus des côtes ou issus de la navigation, les entraînant dans sa rotation et, par la force centripète, les ramenant progressivement vers son centre, une zone de faible énergie cinétique de 3,43 millions de kilomètres carrés (soit un tiers de l’Europe et plus de six fois la France). On compte déjà dans cette partie de l’océan six tonnes de plastique pour une tonne de plancton. Ce quotient entre plastique et plancton est effrayant, et ce d’autant plus qu’il ne s’agit pas seulement de déchets de surface : sur l’essentiel de sa superficie, la couche de plastique de ce tourbillon d’ordures atteint une épaisseur pouvant aller jusqu’à 30 mètres.

Pas encore assez solide pour que l’on marche dessus

La formation de ce “septième continent” n’est pas un problème récent, mais on ne s’y est intéressé qu’il y a peu. Bien que représentant une importante superficie de l’océan, c’est une zone peu fréquentée par la navigation. Il n’y a pas de voiliers de plaisance, pas d’exploitation par la pêche industrielle, et on ne recense que quelques îles minuscules çà et là. Cela fait dix ans qu’on supposait l’existence d’une forte concentration de plastiques dans la zone, et Greenpeace avait donné l’alerte à plusieurs reprises, mais on ignorait l’étendue du problème jusqu’à ce qu’une organisation écologiste de la côte ouest des Etats-Unis, l’Algalita Marine Research Foundation (AMRF), publie ces chiffres au terme d’une enquête menée sur les dix dernières années. On ne peut pas encore marcher sur cet immense agglomérat de déchets, comme Jésus l’avait fait sur l’eau, mais le mouvement de rotation le rend chaque jour plus compact. Son reclassement en terrain habitable n’est pas pour demain, mais la Terre, ou plutôt l’océan, va devoir faire face à un sérieux problème. Pour l’heure, selon des chiffres confirmés par Greenpeace, on dénombre dans cette région du Pacifique 3,3 millions de déchets de toute taille pour 1 kilomètre carré d’océan. La masse totale de ce “continent” est estimée à 3,5 millions de tonnes, en majorité du plastique. Selon des calculs de l’AMRF, la superficie de cette plaque de détritus a triplé entre 1997 et aujourd’hui, et pourrait encore être multipliée par dix d’ici à 2030.

Des détritus qui empoisonnent toute la chaîne alimentaire

Les dommages causés à la vie marine seront bientôt irréparables, mettent en garde les experts. En effet, les plastiques ne sont pas biodégradables (leur durée de vie moyenne dépasse les cinq cents ans), et, au fil du temps, ils ne font que se désagréger en morceaux de plus en plus petits sans que leur structure moléculaire change d’un iota. C’est ainsi qu’apparaissent des quantités colossales d’une sorte de sable de plastique qui, pour les animaux, a toutes les apparences de la nourriture. Ces plastiques, impossibles à digérer et difficiles à éliminer, s’accumulent ainsi dans les estomacs des poissons et des oiseaux marins, qui finissent par mourir de malnutrition. Par ailleurs, ces grains de plastique agissent comme des éponges, fixant de nombreuses toxines dans des proportions plusieurs millions de fois supérieures à la normale, comme le DDT (dichlorodiphényltrichloréthane, un pesticide) ou les PCB (polychlorobiphényles), des produits extrêmement toxiques. Les effets en cascade peuvent s’étendre via la chaîne alimentaire et toucher l’homme. Greenpeace a recensé au moins 267 espèces marines gravement affectées par ce genre d’intoxication. Ce problème aurait bien une solution, certes digne des douze travaux d’Hercule, mais notre production de plastiques continue de croître à un rythme exponentiel, et il faudrait un changement d’habitudes radical. La technique d’élimination de ces plastiques est connue depuis des millénaires : c’est le chalut. La tâche pourrait être confiée à une partie importante de la flotte halieutique, qui voit ses ressources de pêche diminuer comme peau de chagrin. Mais la récupération de ces millions de tonnes de plastique coûterait plusieurs milliards d’euros.

http://www.courrierinternational.com/article.asp?obj_id=83734

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